Aunque por norma general nos cuesta hablar en público de las disfunciones sexuales, quizá en el caso de las que afectan a los hombres el tabú aún sea mayor.

La impotencia o la disfunción eréctil es un trastorno que en muchas ocasiones el hombre guarda en el “cofre de sus secretos” sobre todo con otros hombres, ya que habitualmente y por incultura general es motivo de mofa o risa en ese tipo de entornos. De hecho, por ejemplo, entre amigos, se bromea de una manera fácil sobre esta disfunción sin ser conscientes de que esto solo puede agravar el problema.

Como bien os dije en mi primer post de bienvenida quiero que se hable de sexualidad con plena naturalidad, por ello, considero importante que nos encontremos en el círculo que nos encontremos se hable de una manera empática para que así el tema no se acabe tratando como algo oscuro y vergonzoso. Recuerda que compartir es vivir, y que cuando compartimos los que nos ocurre  es un poco menos importante.

Antes de entrar de pleno en cómo gestionar esta disfunción me gustaría aclarar que gran parte de esta mofa de la que hablábamos en líneas anteriores, aparece porque erróneamente asociamos las disfunciones a una falta de virilidad, ¿os suena esto? Pues bien, para todos aquellos que lo veáis así desde ya os digo que estáis equivocados. La virilidad hace referencia a características masculinas como tener testículos, pene, vellosidad en el pecho por las hormonas… que nada tienen que ver con la respuesta sexual. Sin embargo, desde occidente y más en concreto desde una perspectiva machista se ha asociado de esta manera erróneamente.

Esta disfunción puede pasar de manera puntual o habitual en el tiempo. Si es algo que nos ha pasado ocasionalmente no hay que darle más importancia ni tampoco refugiarnos en las habituales excusas (estoy cansado, he bebido mucho…), sin embargo, si se está produciendo de una manera habitual deberemos buscar la ayuda de un profesional para llegar a una solución de manera rápida y eficaz.

Si estamos con una persona que esté sufriendo este tipo de disfunción deberemos obviar frases tales como: “no pasa nada, lo volvemos a intentar”, “esto se te pasa en cinco minutos” …porque al final lo único que conseguimos con ello es aumentar la presión sobre la otra persona y agravar la situación.

Y seguro que ahora te estás preguntado: Muy bien Carol, pero entonces ¿cómo puedo enfocarlo? Pues es tan sencillo como llevar la práctica sexual fuera de la penetración, propiciando la activación y estimulación con roces o masajes. Es importante que habléis de manera abierta, clara y honesta siempre desde el respeto y atendiendo las necesidades de la persona afectada.

Espero que ahora que ya sois todos unos expertos en la disfunción eréctil, me ayudéis a romper con los mitos que se asocian a ella y así podamos generar entornos seguros donde hablar sin ser sometidos a ningún tipo de juicio. Eso sí, recuerda que identificar que algo no está bien ya es el primer paso, llámame y el segundo lo daremos juntos.

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